viernes 2 de diciembre de 2011

Kitchen de Banana Yoshimoto


SIPNOSIS
Cuando se le muere la abuela, la jovencísima Mikage queda absolutamente sola en una casa demasiado grande y se refugia en la cocina, pues sólo en ella se siente a salvo («El lugar donde mejor se duerme es en la nevera», confiesa). Pero un día «ocurre un milagro» : Yuichi, «un chico simpático», llama a la puerta de Mikage y le sugiere que vaya a vivir a su casa, con su madre Eriko. Pero esta hermosa y acogedora mujer no es una mujer : es un hombre que pasó a ser mujer cuando la verdadera madre de Yuichi perdió la vida. Esta fábula, que se desarrolla entre ordenadores, electrodomésticos y sobre todo alimentos y guisos, pero también entre sentimientos de amor, amistad y complicidad, es en realidad una historia terrible, en que la soledad y la aridez emocional quedan, como por «milagro», mitigados por la inmensa sabiduría de otro mundo ancestral, afortunadamente aún latente, aún perceptible.
Últimamente las novelas que leo tienen un denominador común, que refrescante en un principio, empieza a desazonarme. Esta desazón comenzó ayer cuando leía "El Cuarteto de Alejandría: Justine". La tetralogía de Durrell. Son dos estilos diferentes. Durrell me trasladaba a esa ciudad llena de sonidos, olores, colores con una prosa inquietante que se puede saborear como un vino añejo, en el mismo cielo del paladar. El estilo de Banana Yoshimoto es tan joven como ella cuando escribió esta novelita. ¿Tiene eso algo que ver?. Lo ignoro. Pero si leo "Kitchen" me encuentro con una obra de estilo sencillo e intimista. Tan recortada y cuidada como un bonsai japonés. Aún puedo recordar las imágenes que me ha regalado. Últimamente lo que leo son novelas de aprendizaje, y esta lo es. El aprendizaje más feroz que puede recibir un alma joven: la certeza de la muerte, el abrazo de la soledad cuando la tristeza es tan honda que gritar solo nos trae el eco de nuestra propia voz. Así que optamos por el silencio.
Hay pasajes muy hermosos.
"...Ahora, en la habitación en la que nací y crecí, me sorprende ver que el tiempo ha pasado y que estoy sola. Como en la ciencia ficción. Es la oscuridad del Universo..."
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"...Yo arrastraba suavemente un sueño tranquilo que acompañaba a una tristeza inmensa sin hacerme apenas derramar lágrimas,..."
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"...Aunque su forma de ser y de hablar eran dulces, me pareció que estaba solo..."
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Os pongo solo unos ejemplos para abrir boca, aunque os aseguro que no son ni mucho menos los mejores.
Mikage que vive en la cocina y duerme bajo la luz de la luna que se filtra por la ventana, cuando su abuela, el último familiar vivo que tenía muere inesperadamente, va a recibir un regalo que nosotros lectores afortunados iremos desenvolviendo lentamente a través de las páginas de esta primera obra, joven, ácida, dulce, amarga y con un ligero toque salado.
Buena lectura.