martes 19 de octubre de 2010

"La Mujer Herida"






“¡Es absurdo¡...¡es absurdo¡. “
Quería gritar que el mundo giraba bajo sus pies. Ella podía notarlo.
“Todos embarcados en la misma nave espacial.” .Pensaba.
Quería ver las estrellas y sonreir de verdad, con ganas y hambre de más risas. Se tocó el lado izquierdo del pecho con un rictus de dolor en su rostro. El hombre sentado a su lado la miró de reojo con preocupación.
La mujer no debia tener más de treinta años. Su pelo castaño caía lánguido, en adormecidos bucles sobre sus hombros. Llevaba una bolsa de plástico con manzanas rojas, “red delicious”, y un bolso enorme, negro y vacío. Iba agarrada al bolso . Ella no llevaba al bolso. El bolso la llevaba a ella. La mujer se levantó y tocó parada. Bajó del autobús y este se alejó gruñendo como un animal prehistórico. Se disponía a caminar en dirección a su casa cuando el corazón volvió a dolerle con una punzada que la paralizó al instante. Llevó su mano al lado izquierdo. Miró hacia el cielo que comenzó a girar. El corazón le latía con fuerza como si hubiera conocido de repente el amor. Brincaba como un animal dentro de la caja torácica, inquieto y palpitante. Ella se asustó y comenzó a boquear angustiada.
Minutos después varias personas la rodeaban. Estaba tumbada en el suelo y no recordaba nada. Unas manzanas rojas andaban desperdigadas por el suelo. El bolso era una ballena oscura varada y vaciada en la calle. Vió rostros desconocidos sobre ella.
“Me he muerto” pensó sin emoción alguna. Volvió a adormecerse.
La mujer abrió los ojos y la técnico sanitaria de la ambulancia se dió cuenta de que murmuraba algo. Acercó su oido y escuchó con detenimiento.
-¿Que dice?. ¿Es alérgica a algo?.- Preguntó el médico de la ambulancia mientras desabotonaba con impaciencia la camisa de la joven.
-Que está viendo estrellas.-contestó con un encogimiento de hombros la técnico.
-ah...el golpe. Eso es el golpe.
-Le han vaciado el bolso .-dijo un hombre con un mono azul que recogia las manzanas apesadumbrado.
La llevaron al hospital, le hicieron pruebas pero no detectaron nada anormal en su corazón. Quizás había tenido un amago de infarto pero la buena noticia era que no había lesiones. Alguien sugirió que debería visitar un sicólogo.
La mujer herida volvió a su casa. Cada mañana se miraba al espejo, cada mañana tapaba con la palma abierta de su mano la imagen envuelta en vaho.
Cada día era un clon del día anterior. Levantarse, comer, dormir. Prohibido soñar pues los sueños nunca se cumplen. Prohibido llorar, las lágrimas siempre regresan. Si habla, sus palabras no encuentran lugar donde refugiarse. La mujer herida no tiene amigos. No tiene hijos, no conoce amantes. Su vida entera es una negación a la vida misma.
En el trabajo la aprecian. Es tan profesional. Nunca falta, siempre cumple, llega puntual, no pierde el tiempo hablando con los otros.
Cada dia camina entre la gente envuelta en una coraza de excusas, silencios, omisiones. Se le escapa la tristeza por los ojos y va dejando un reguero de meláncolico perfume a su paso. Ella ve cosas que los demas no ven. En los ojos de los niños ya no anida la inocencia sino el aburrimiento. En las esquinas han aparecido los mendigos y mujeres jovenes venden su cuerpo y ocultan su alma en las rotondas. Ella se embriaga con el olor de la lluvia. Está tan olvidada de sí misma, se preocupa tanto por los demás que nadie se ocupa de ella.
La mujer herida teme al amor como el endemoniado a la cruz. Solo un beso puede despertarla de su sopor de años. En la noche ella puede dormir con el corazón roto, pero lo que le quita el sueño a la mujer herida es la ausencia.